Para que la adoracion sea mas eficaz en sus vidas deve leerse los salmos . Salmos 104.4 Entrad por las puertas con accion de gracias, por sus atrios con alabanzas; alabadle , bendecid su nombre
Efesios 5: 18-20 Sed llenos del Espiritu ... Cantando y alabando al señor en nuestros corazones; dando siempre gracias por todo al Dios y Padre
EL ESPIRITU SANTO ES MUJER
Introducción: ¿Cómo debemos hablar de Dios?
Los teólogos cristianos normalmente hablan de Dios utilizando nombres,
imágenes, y atributos.
Tradicionalmente, estas maneras de hablar de lo divino han sido
caracterizadas por un vocabulario principalmente masculino. Pero hoy en día, diversas
voces preguntan si esto debe ser el caso. Varios teólogos han dedicado paginas, e
incluso libros, a la necesidad de cambiar este énfasis, y utilizar más lenguaje femenino
para hablar de Dios. Elizabeth Johnson contribuye a la discusión en su libro She who Is.
En esta obra, Johnson argumenta por la necesidad de utilizar por igual vocabulario e
imágenes femeninos y masculinos para hablar de Dios.
El proyecto de Johnson refleja una preocupación importante en la teología
moderna. ¿Cómo debemos hablar de Dios? ¿Debemos incorporar más lenguaje
femenino para representar la divinidad en nuestras formulaciones? Estas preguntas son
importantes. Nuestro lenguaje no es neutral. La manera de articular nuestro
entendimiento de Dios afecta nuestro concepto de quien es. Y no solamente esto, sino
que algunos autores feministas relacionan ciertos abusos y machismos que perciben con
el concepto masculino de Dios que ha predominado en la historia de la doctrina.
Dicen
que es necesario cambiar nuestra idea sobre quien es Dios para poder cambiar nuestras
actitudes y hechos.
Mi argumento será que la Biblia, la cual debe ser la autoridad en estas cuestiones,
emplea lenguaje principalmente masculino para hablar de Dios. Es importante
reconocer la presencia de las imágenes femeninas utilizadas para describir la persona de
Dios. Sin ellas, nuestro concepto de él queda empobrecido. No obstante, no se debe
ignorar el hecho que el énfasis del conjunto de los términos utilizados es claramente
masculino. Nuestras formulaciones teológicas deben seguir al patrón que establece la
Palabra.
La Revelación analógica de Dios
Antes de comenzar a desarrollar el argumento, un par de comentarios de carácter
general están en orden. En primer lugar, en cuanto la metodología teológica, es
necesario establecer desde el principio que el listón para el pensamiento y el hablar
cristiano es la Escritura. ¿Cómo debemos hablar de Dios? Según lo que él nos indica.
El creyente debe hacer su teología según lo revelado, no según sus propias
especulaciones, o imaginaciones. Ha de prestar atención a como las Escrituras
representan a Dios, porque ellas son su revelación más clara y definitiva.
Por lo tanto,
no se debe seguir los caminos del grupo “reimagining,” el cual formula sus conceptos
sobre lo divino según varias fuentes no bíblicas. Tampoco puede la agenda moderna
amoldar las conclusiones.
Dios se revela en la creación también. Pero su Palabra es más clara y detallada, y forma la base sólida
sobre la cual la iglesia debe hacer su teología. Corrige interpretaciones incorrectas de la revelación
natural.
Mis diferencias con Johnson tienen su origen en este punto. Ella toma por sentado que la revelación de
Dios en la Biblia está acomodada a formas patriarcales que son sexistas y equivocadas (Ej., 78-79). A mi
Luego, en cuanto el lenguaje bíblico, es necesario reconocer que es un lenguaje
acomodado. En la Biblia, el hombre tiene acceso a una revelación de Dios que da
conocimiento verdadero de él. Pero Dios no se revela al hombre en toda la plenitud de
quien es. Se revela a sus criaturas según lo que ellas pueden entender. El lenguaje de la
Biblia es acomodado a las capacidades del hombre.
La Biblia viene al hombre con palabras humanas (e inspiradas) describiendo el
creador. Estas palabras son un antropomorfismo, o tal vez mejor dicho, un
cosmopomorfismo.
La Biblia describe a Dios como una roca, como una torre, como
un pastor, como un pájaro, y como otras cosas de la creación. Sin embargo, no tiene
color gris, no está hecho de piedras y cemento, no le siguen ovejas en un campo, y no
tiene plumas. En muchos puntos es obvio que Dios se compara con elementos de la
experiencia humana para facilitar la comunicación entre el creador y la criatura. ¡Sin
embargo, en ningún momento debe el hombre olvidar que estas son comparaciones!
No tiene igual. (Is 40:25)
Otra manera de decir lo mismo es que la revelación verbal de Dios es analógica.
Dios se explica al hombre con analogías. El lenguaje bíblico es una comparación-
compara Dios con elementos de la experiencia humana. Los hombres son limitados en
su capacidad de entender al creador. Pero Dios en su sabiduría y bondad emplea
analogías para hacernos entender lo necesario para ser salvos y alabarle en espíritu y
verdad. En realidad, toda la Escritura es un antropomorfismo. Todo viene en términos
humanos. Si no fuera así, no sería entendible.
Con esto dicho, se puede enfocar más la cuestión del lenguaje de genero para
hablar de Dios. Dios es Espíritu, no es un ser sexual o con genero. Nadie argumentará
que Dios es literalmente masculino o femenino. Como no tiene cuerpo, esto no es la
cuestión.
No se trata de ir desde imágenes masculinas o femeninas a un Dios hombre o
un Dios mujer. Más bien la cuestión para Johnson e otros es como entender la analogía
entre las actitudes, los hechos, la personalidad, y el estatus de Dios y atributos
femeninos. ¿No debemos concebir de Dios en su carácter e interacción con el mundo
según cualidades femeninas y no solamente las masculinas?
Johnson sobre el lenguaje femenino para representar a Dios en la Biblia
Una lectura del texto bíblico entero revela la presencia de nombres e imágenes
femeninos utilizados en la representación de Dios. Elisabteh Johnson argumenta que
parecer esta es una afirmación no comprobada en más que un nivel. Según ella, hay que pasar los textos
por el fuego de la critica feminista. No digo que no puede ser fructífero leer el texto bíblico con una serie
de preguntas que pueden surgir del movimiento feminista, pero siempre con una actitud sumisa que
permite el texto corregir el pensamiento de uno. Me da la impresión que el proyecto de Johnson no es
tanto de dejar el texto corregir, sino de corregir el texto. Una evaluación completa de su obra tendría que
entrar en los temas de su teoría de la inspiración, y su hermenéutica. Por ahora, yo me enfoco solamente
en su uso de los textos “clásicos” que tienen relación con el tema, los cuales ella toma por autoritativos.
Un antropomorfismo es una descripción de Dios hablando sobre él como si fuera un hombre.
Cosmopomorfismo, por lo tanto, es una descripción de Dios hablado de él como si fuera algún objeto del
cosmos, la creación.
Frame, Doctrine of God, 378. Incluso, cuando la Escritura habla de Dios con antropomorfismos
(cosmopomorfismos), no emplea imagines de órganos sexuales. 3
estos elementos surgen la propiedad de hablar del misterio de Dios en términos
femeninos.
Su proyecto es ambicioso, cree que los términos femeninos son tan
potentes que no deberían ocupar un lugar secundario ni complementario en el lenguaje
utilizado para hablar del divino, sino que se deben utilizar por igual a las imágenes
masculinas. Aquí presento un resumen de su argumento desde el texto bíblico.
Nombres femeninos
Johnson comienza su discurso sobre la evidencia bíblica con la palabra ruach, la
cual es la palabra hebrea para “Espíritu”. Observa que la palabra es femenina en su
genero, pero remarca que el genero de la palabra no comprueba nada respeto al genero
del objeto representado por ella. Ella nota que en griego pneumatos es neutro, y en latín
spiritus es masculino. Sin embargo, Johnson ve que las actividades de la ruach son más
bien femeninas, incluyendo la creación y sostén de nueva vida, la renovación de aquello
que ha sido dañado, y la lamentación sobre la destrucción.
Hace referencia a algunos textos bíblicos para apoyar esta afirmación. Encuentra
en Gen 1:2 la imagen de una madre pájaro cerniendo sobre el nido del caos primitivo.
Observa que el Lucas 3:22 es una paloma que desciende sobre Jesús en su bautismo, en
representación del Espíritu Santo. Liga la paloma con la diosa Afrodita de la mitología
griega, y afirma que “the dove in Christian art thus links the Holy Spirit with the broad
pre-Christian tradition of divine female power.”
También, ve en Juan 3:5 que las
Escrituras atribuyen la función femenina de dar vida al Espíritu. Johnson concluye que
se puede denominar el Espíritu “ella” y hablar de él en términos de “madre.”
A continuación Johnson habla de la figura de hokmah o sofia. Nota que estos
nombres, tanto en hebreo como en griego, son femeninos. Como en el caso de rucah,
reconoce que el genero de las palabras no determina nada en cuanto el genero de su
objeto. No obstante, dice que la descripción de la Sabiduría en la Biblia es
predominadamente femenina.
Johnson observa los papeles femeninos de la hokmah como hermana, madre,
anfitriona, predicadora, jueza, y otras cosas.
La autora encuentra la base textual de
este desarrollo principalmente en el texto de Proverbios, donde la sabiduría es
personificada como una mujer (Prov 8-9). También recorre otros textos de Siriach,
Wisdom of Solomon, y Book of Wisdom. Observa que hay una equivalencia entre los
hechos de Sophia y el Dios de la Biblia. Llega a la deducción que “Sophia is a female
personification of God’s own being in creative and saving involvement in the world.”
El próximo paso es identificar esta Sophia con Jesús (1 Cor 1:22-24). La conclusión de
Johnson es que podemos confesar a Jesucristo como la encarnación del Dios que es
representado por un símbolo femenino. “Jesus Christ is the human being Sophia
became.”
Dice que debido al sexismo en la iglesia primitiva, las imágenes de sophia
fueron reprimidas y al final sustituidas por las de logos.
Avoca la recuperación del
lenguaje femenino para la cristología, hablando del “Jesús / Sophia.”
Imágenes femeninas
Johnson procede a tratar las imágenes de Dios relacionadas con la feminidad.
Remarca que estas imágenes son sutiles. No son físicas, sino tienen que ver con
analogías entre las actitudes y la personalidad de Dios y las que son normalmente
entendidas como femeninas.
Hace un repaso de textos que representan la actividad de Dios hacía su pueblo en
palabras de embarazo y parto. Por ejemplo, cita Deuteronomio 32:18, Números 11:12-
13, y Isaías 42:14 como ejemplos de descripciones de la actividad divina desde el punto
de vista de “dar luz.” También cita textos que describen el cuidado que tiene Dios para
con su pueblo como el cuidado que tiene una madre para con sus hijos (Is 49:15, Is
63:13, Salmo 22:1, 9-10). Cita incluso a Oseas 13:5, un texto curioso donde Dios es
caracterizado como una madre osa. Dice que este texto es un “suitable metaphor for a
feminist retrieval of the wrath of God.”
Para Johnson, estos textos apoyan legitimidad
de llamar a Dios “Madre.”
Un atributo femenino
Johnson hace un comentario sobre el atributo de Dios que es su misericordia.
Dice que las palabras hebreas para misericordia y matriz son afines. Cita el estudio de
Phillis Trible, lo cual ella cree que demuestra esta conclusión, y además establece una
relación entre dichas palabras y las palabras para “mostrar misericordia” y
“misericordioso.”
La idea que esta relación etimológica comunica, según Johnson, es
que Dios en su misericordia lamenta por su pueblo como una madre lamenta el dolor del
hijo de su matriz. Por lo tanto, ella encuentra aquí más evidencia para poder hablar de
Dios en términos femeninos.
Una evaluación de los argumentos bíblicos de Johnson
La obra de Johnson es comprensiva, cubre mucho terreno y incorpora evidencia
desde muchos lugares. Sin embargo, yo, aún reconociendo la presencia de imágenes
femeninas para Dios en el texto, no creo que sus argumentos apoyan las conclusiones
que ella quiere establecer, a saber, un uso igualado entre lenguaje femenino y masculino
para hablar de Dios. A continuación evalúo brevemente los argumentos que he
expuesto.
Nombres femeninos (¿?)
Johnson no pretende mostrar que el Espíritu es femenino (que es la persona
femenina de la Trinidad, como dicen otros), sino que es igual de legitimo hablar de la
feminidad del Espíritu, de atribuirle nombres y pronombres femeninos.
Al igual para
las otras dos personas de la Trinidad. Pero me parece que sus ejemplos no llevan el
peso necesario para establecer esta conclusión.
Para empezar, el intento de ligar la paloma con la diosa Afrodita es muy débil. No
hay forma de demostrar que los que testificaban el bautismo de Jesús, ni los creyentes
Johnson, 83. Aquí y en muchos otros lugares, emplea el pronombre “she” en referencia al Espíritu. Le
atribuye otros títulos como son “friend, sister, mother, grandmother of the world.” (p.146). 5
de las comunidades primitivas, hubieron ligado la imagen de la paloma con esta diosa
griega. Citar la presencia de algún mito paralelo a un símbolo bíblico no comprueba
ninguna relación genética ni de otro tipo entre ellos. Lo que hace Johnson aquí no es
muy diferente que intentar explicar el significado del anuncio del ángel a Maria en
Lucas 1:35 con una referencia a algún mito pagano del día que explicaba una
concepción milagrosa dentro de su tradición con la historia un dios teniendo relaciones
sexuales con una mujer humana. Esto es un ejemplo de cómo Johnson se desvía cuando
a veces incorpora evidencia extra-bíblica para apoyar su argumento.
Los ejemplos bíblicos que Johnson cita son más interesantes. En el caso de
Génesis 1:2, aunque la traducción de “se movía” también es posible para el término
tp,x,r;m, creo que se debe favorecer la traducción “cernerse”, teniendo en cuenta el uso
del mismo verbo en Deuteronomio 32:11. Por lo tanto, aquí vemos una descripción de
la actividad del Espíritu con una imagen femenina. El texto de Juan 3:5 tiene tonos
femeninos también. Juzgando por el comentario de Nicodemo en 3:4, el sentido de
gennaw es la de “dar luz,” y no “engendrar.” Son, por lo tanto, dos ejemplos claros de
cómo la actividad de Dios es comparada con la actividad de una madre.
No obstante, no pienso que esto establece la propiedad de utilizar nombres
femeninos para referirse al Espíritu. Aunque estos textos (y otros) emplean imágenes
femeninas para describir ciertas actividades o actitudes de Dios, en ningún lugar la
Biblia atribuye un nombre femenino a Dios. Todos los nombres son masculinos. No
dice la Biblia que Dios es Madre, sino que es Padre (Is 63:16, Mt 6:9). Además, todos
los pronombres en el texto con referencia a Dios son masculinos. Es cierto que habla
las Escrituras de actitudes o hechos de Dios con metáforas o símiles femeninas, pero
hace lo mismo en referencia a seres humanos masculinos. Cuando Pablo en 1 Tes 2:7
compara su amor para los tesalonicenses con el amor de una madre para sus hijos, no
significa que debemos llamar a Pablo “ella.”
A mi parecer, el argumento desde la palabra hokmah a la aplicación de lenguaje
femenino para la segunda persona de la Trinidad también tiene carencias. La clave del
argumento de Johnson es la feminidad de la hokmah. No creo que lo establece. La
representación femenina de hokmah no necesariamente significa que la hokmah / sophia
puede servir como un nombre femenino para Cristo. Se puede explicar la
personificación femenina de la sabiduría divina por la contraposición con la mujer
necia. No es que el escritor quiso enseñar una deidad femenina, sino un contraste entre
la prostituta y los caminos del Señor. “Wisdom is a lady, not because the writer wants
to assert a feminine element in the Godhead, but simply as a literary device presenting a
positive alternative to the female prostitute.”
Además, Jesús claramente fue
masculino. En ningún lugar en el texto bíblico está esto en duda. Si la personificación
de Dios en la hokmah de Proverbios establece la feminidad de esta persona, ¿por qué se
encarna como un hombre?
Imágenes femeninas
Para mi, lo más rico de la presentación de Johnson está aquí. Está claro que hay
imágenes femeninas en la Biblia, y ignorarlas en nuestro hablar teológico sería
deshonrar la revelación de Dios en la cual él nos indica como hablar de su actividad en
Parece que Johnson olvida que la religión bíblica más bien se opone a ideas religiosas paganas, no se
basa en ellas. Si se define en términos de ellas, es de forma negativa, desasociándose.
Frame, Doctrine of God, 383. 6
el mundo. No obstante, vuelvo a decir que los argumentos de Johnson no sostienen la
conclusión de que debemos alterar el vocabulario tradicional para hablar de Dios.
Por ejemplo, en Dt 32:18 hay una imagen femenina aplicada a Dios. Pero no está
nada claro que el texto instruye a los creyentes a llamar a Dios “ella.” La imagen es
breve, y de hecho habla de Dios como Padre también. Como en el caso de la
representación femenina de la actividad del Espíritu, esta imagen no comprueba un Dios
femenino, ni un Dios igual de femenino como masculino. Pablo en Gal 4:19 aplica la
imagen de dolores del parto a si mismo en su ministerio, pero esto no pone en duda la
masculinidad de Pablo.
Pablo es Pablo, no es Paula.
En Isaías 42:14-15 la profecía compara el grito de juicio de Dios al grito de una
mujer que está de parto. Sin duda, es una imagen femenina, y comunica de una forma
vivida y poderosa la intensidad del juicio de Dios. Pero igual al ejemplo anterior, esta
imagen no comprueba feminidad en Dios. La misma imagen es aplicada tanto a
hombres como a mujeres a menudo en el AT, como un dolor proverbialmente conocido
(Salmo 48:4-6, Is 13:8, y más).
Isaías 49:15 compara Dios con una madre, pero no
dice que Dios es una madre. Si que existe una similitud, pero esta similitud puede
existir entre un hombre y una mujer. En Mt 23:37 la símil que emplea Jesús para
expresar su actitud hacía el pueblo era femenina, pero no pone en cuestión el genero de
Jesús.
Atributos femeninos
¿Está claro que Jeremías estuvo consciente de la relación etimológico entre rhm y
rehem? Esto es la contención de Trible, quien traduce Jer 31:20 como “I will surely
have motherly compassion on him, says the Lord.” Victor Hamilton nota dos cosas
respeto a esta posibilidad. En primer lugar, dice que es posible que la relación
etimológica sea más notable para uno que no tiene Hebreo como su idioma nativo (es
decir, igual Jeremías no estuvo consciente de este matiz en su propio idioma). En
segundo lugar, dice que aunque fuera el caso que Jeremías quería decir lo que Trible
piensa, no significa que el profeta cree que Dios es Madre en vez de Padre (o Madre y
Padre). Argumenta Hamilton que aún que la traducción fuera “motherly compassion,”
es un símil, diciendo que la compasión de Dios es como la compasión de una madre, sin
decir que Dios es una madre.
Comprobación de esto se encuentra en Gen 43:30, donde
la misma palabra es utilizada para describir la actitud de José hacía su hermano
Benjamín. De nuevo, vemos como una imagen “femenina” puede estar aplicada a un
hombre sin poner su masculinidad en cuestión, o implicar que se debe llamar a esta
persona con un nombre femenino.
Conclusión
Hay algunas imágenes femeninas en la Biblia, pero son pocas en comparación con
la enorme mayoría del lenguaje bíblico para describir a Dios.
No hay ningún nombre
femenino para Dios en la Biblia. Además, todos los pronombres y verbos hebreos (los
Willem A. VanGemeren, ed., New International Dictionary of Old Testament Theology & Exegesis,
vol 3, (Grand Rapids: Zondervan, 1997), 1097.
Cual cosa Johnson reconoce. Johnson, She Who Is, 55. 7
cuales reflejan el genero) son masculinos. Si que hay algunas imágenes femeninas, y tal
vez algún atributo con tonos femeninos, pero estos elementos no justifican la
ambivalencia. La Biblia dice a veces que Dios tiene una actitud o actúa como una
madre, pero dice que ES Padre, Esposo, Señor, Rey, Juez. Las mismas imágenes
femeninas están aplicadas a hombres humanos en el texto bíblico, sin poner en cuestión
su masculinidad.
Esta cuestión es importante. Johnson misma reconoce en su libro que nuestro
hablar sobre Dios tiene consecuencias para nuestras ideas de él, y para nuestra
comunidad de fe.
Hay una importancia teológica detrás el lenguaje que empleamos.
Si la Biblia es nuestra guía, tenemos que concluir con John Frame que debemos seguir
su patrón y “use predominantly male imagery for God, with ocasional female useage.”
Dios se nombra a él mismo en la Biblia. Estos nombres constan como parte de la
revelación divina. Son la guía que Dios nos ha dado para saber hablar y pensar (de una
forma antropomórfica) sobre su persona y actuación en el mundo que ha creado. El
hombre no tiene el derecho de cambiar las proporciones.
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